El gran engaño en la franquicia McDonalds8 minutos de lectura

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Consultor y Estratega en Social Media y Marketing Digital. Mentor en redes sociales y marca personal. Escritor. Conferenciante. Formador. HootSuite Ambassador Lat-Am y España. Profesor de comunicación digital y marketing digital. Director de formación y profesor en Escuelas de Negocio y centros de estudios. Asesor de empresas en las Cámaras de Comercio de la Comunidad Valenciana.

Os voy a contar una cosa. La esencia de cualquier empresa descansa sobre unos pilares que normalmente se asocian a la imagen corporativa: logotipo, tipografía, diagramación, identidad corporativa… Elementos vinculados al diseño y que deben de transmitirnos la filosofía que va asociada a esa empresa. Cuando hablamos de imagen de empresa, yo, como usuario, como consumidor, entiendo que no debe de haber resquicio, ni tiene que tener cabida la letra pequeña. Pero en algunas, la hay. Y nos afectan de manera directa y flagrante.

Desde mi modesto punto de vista, creo que la imagen corporativa de una empresa también tiene asociados otra serie de elementos que le son inherentes: la educación y la formación de los empleados de la firma, la atención al cliente, la forma en que deben de resolverse los procesos de crisis… Y, cuando se trata de empresas franquiciadas, el respeto por el cliente, y sobre todo, el no tomarnos por ignorantes, y tampoco el dar por hecho que somos unos estúpidos por no pedir las cosas como el empleado quiere escucharlas.

Os cuento las razones que me han llevado a escribir este artículo.

Veréis. Me lleva ya tiempo rondando la cabeza el escribir algo que dé un toque de atención a la franquicia McDonalds. En especial a las que suelo frecuentar en la zona de Castellón y de Valencia capital. Y que desconozco si pertenecen al mismo gestor o franquiciado.

No sé si sois habituales consumidores de sus hamburguesas. Yo sí. En especial del menú Big Mac, del que soy un asiduo desde mis tiempos en Madrid, cuando frecuentaba el local de la calle Princesa. El caso es que, de entonces, recuerdo que existían tres tipos de tamaños de menú: el normal, el grande y el XXL.

De esa época recuerdo que siempre que pedía un menú, los dependientes siempre me servían el menú grande. Nunca el normal. Y siempre había reproches por mi parte, porque si al pedirlo no especificaba nada, debiera de sobreentenderse que quería el normal. Pero, imagino que habría necesidades económicas por parte de la gerencia o del encargado del local, porque siempre que cada sábado por la noche pedía mi menú, sin más, me servían el grande. Hasta que tomé la costumbre de indicar que quería el normal. Cosa que creo, estaba de más.


Pasado un tiempo, el menú normal pasó a ser el pequeño, y el grande adoptó el nombre de Normal. El XXL pasó a llamarse grande. Así que cuando pedía el normal, me servían el grande, porque la política de la empresa había cambiado.

Bueno, hube de acostumbrarme a encajar algunas calorías de más, y a hacer un poco de ejercicio extra entre semana, para quemarlas.

El caso es que he tenido ya varias experiencias desagradables con los establecimientos de Castellón (con los dos) y con el que se encuentra cerca de Paiporta, en Valencia.

Resulta que ahora sólo queda el menú normal y el grande.

Cuando llegas en coche o a pie para pedir tu pedido, el precio que te indican en los grandes paneles luminosos es el del menú normal. Creo que está a unos 5,95 €. Y a parte, queda reflejado que por 0,60 € más puedes pedírtelo grande.

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Insisto, y quiero dejar claro que le precio que se promociona y que se divulga es el del MENÚ NORMAL. El grande queda indicado como mero extra, añadiendo la cantidad adicional de sesenta céntimos de euro (y se entiende que debes de indicarlo cuando lo pides).

La historia es la siguiente.

Yo llego a cualquiera de estos locales. Habitualmente en coche. Bajo la ventanilla. Me atiende una persona con bastante educación. “Buenas noches. ¿Su pedido por favor?”, me dice. “Buenas noches, quiero un menú Big Mac”… “¿De beber?”, me interrumpe… “Coca~Cola Zero”, le digo… “¿Las patatas?”, vuelve a preguntar la voz… “Normales”, respondo. Más que nada porque si las pido de luxe, me clavan la salvajada de sesenta céntimos de euro (creo) por un envase de salsa barbacoa que no me da ni para bañar la mitad de las patatas que me sirven. Pero esto ahora no viene al caso.

Bueno. La conversación es tal que ésa. En ningún momento la persona que me atiende me pregunta si quiero o no el menú grande o el normal. Y en ausencia de pregunta, se debe de entender, siempre, que el cliente quiere el producto normal. No el que contiene un extra en el precio.

¿Algo más?“, me pregunta de nuevo. “No, gracias. Eso es todo”, respondo. “Muy bien, pase por la ventanilla tres”, me espeta.


Así que, quito el freno de mano, meto primera y ale, a la ventanilla número tres.

Pero el pasado domingo, quise detenerme en la ventanilla número dos, donde vi a dos personas charlando animadamente, para decirles que ni se les ocurriera ponerme el menú grande porque quería el normal. Les hice señas, y los dos chavales (hablamos del local que está yendo a El Grao de Castellón, frente al Carrefour) me hicieron señas a su vez y me gritaron desde el otro lado (sin siquiera abrir la ventanilla) diciéndome que… “¡A LA VENTANILLA TRES!”.

Pues nada. Para allá que voy.

El timo viene cuando quien pide lo que pide, no se fija en el precio, o ningunea y se hace un reproche así mismo por los míseros sesenta céntimos de más que me cobran por el menú. Pero es que, céntimo a céntimo, suma. Y ya ha llegado un punto en que me cansa tener que decirles a unos desconocidos que lo que quiero es lo que he pedido. No lo que ellos piensan que yo podría querer. Por la boca muere el pez, ¿no? Pues que pregunten si quiero el grande o si quiero el normal si les asaltan las dudas.

Así las cosas, voy a la ventanilla tres, y la chica que me atiende lo primero que me pide es el dinero… “Son seis euros con cincuenta y cinco (6,55 €)”. “Disculpa pero yo he pedido el normal”, le digo. “En ningún momento te he dicho que quisiera el grande”.

Y es entonces cuando la niña se me envalentona y me suelta “pues tienes que decirlo porque cuando se pide el menú ponemos siempre el grande”.

Ahí la cagaste Burt Lancaster.

Primero. ¿Nos conocemos tú y yo íntimamente para que me puedas tutear después de pedirme dinero la primera noche que me ves, y sin presentarnos?

Segundo. Como va a ser que no, la primera pregunta, pienso yo en voz alta y le digo “si el precio que tenéis puesto es el del menú normal, y el extra es de sesenta céntimos de euro para el grande, ¿no tendrías que preguntármelo tú igual que haces cuando me increpas por el tipo de patatas?

Tercero. Está claro que tu jefe quiere resultados y mayores ingresos. Pero si te pillan en un renuncio, no sigas por ese camino porque la hoja de reclamaciones la tengo ahí para poner verde al local.


El caso es que al final, y a regañadientes, me ponen mi menú normal, con mis patatas normales (el paquete pequeño) y mi bebida normal (el vaso pequeño). Pero salgo con el regusto amargo de que hay algo que no marcha. Que no me gusta.

Freno y detengo el coche. Abro mi bolsa con mi pedido y todo está normal. Pero, ¿sabéis? Siempre te queda esa sensación de qué podrán haberle hecho a tu pedido mientras lo cambiaban allá dentro. Cuando no les veías.

Cuando llegué a mi casa, vacié mi Coca~Cola Zero -que resultó ser normal– por el desagüe. Y hube de abrir mi hamburguesa y revisarla para comprobar que todo estaba como tenía que estar.

La comí sin pensar en nada. De lo contrario, no creo que la hubiese probado.

Muchas veces pienso que es mejor no decir nunca nada, y quedarme con lo que me sirven. Hay demasiadas leyendas urbanas con la comida rápida. Y mucho despechado. Pero creo que es mi derecho, y que ante todo, y como cliente, me deben de tener en cuenta y mirar por mí, no por conseguir un beneficio extra a mi costa. O a costa de los cientos, o miles, de incautos que pasan mensualmente por dichos establecimientos.

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Yo pienso seguir protestando hasta que me pregunten cómo quiero mi menú.

Y si siguen empeñados en hacer las cosas a su manera, quizás lo mejor sea plantearme dejar de consumir en esos locales. Aunque antes pondré mi reclamación todas las próximas veces que me pase lo mismo.

¡Buen provecho!

Entrada del 13
Es febrero
Año 3
2012


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Frank Reina RodriguezResponsable de marketing en Bouquet CeramicBouquet CeramicValencia y alrededores, España


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12 opiniones para “El gran engaño en la franquicia McDonalds

  1. Lo que hay que hacer, Ernesto, es dar el servicio al cliente como corresponde. No es de recibo que, por defecto y aún hoy en día, se pida en esos establecimientos un menú, y nos sirvan el grande, cuando se supone que el normal es eso, normal, mientras que el grande tiene una serie de extras. Es como si me voy a comprar un coche y me venden uno con todos los extras sin que lo pida. Cuando la gente va a un sitio y no pide nada más, es porque quiere lo “básico”. Y ustedes lo hacen con el único objetivo de vender más y de aprovecharse de los clientes.
    Si lo hicieran bien, venderían más y tendrían clientes más satisfechos.
    Por no hablar de la m… de comida que sirven.

  2. Personas tan rebuscadas como usted nos hacen perder las ganas de invertir dos millones de euros para servirle como usted se merece. Así un país no puede avanzar.

  3. Uno piensa debido al título que se va a encontrar con una gran historia como ” ¡que no los engañen! la carne de hamburguesa es de rata” Pero no, tristemente te encuentras con una historia absurda y ridícula sobre los errores de una persona al ordenar ¬¬ ya se sabe que hay que ser muy específico en los pedidos sino te venden lo que más les conviene! qué desilusión!!

  4. Este articulo es pedante a más no poder. Te lo digo desde el respeto y llamándole de usted, para que no sienta ofendido ya que nadie nos ha presentado todavía esta noche.

  5. Joder macho especifica el menu que te cuesta, y las patatas deluxe te regalan la salsa. Como todo el mundo.
    Si te la cobran entonces si hablariamos de una estafa. Y creo que el menu XXL es mas bien de burguer king, macdonals siempre a tenido mediano y grande con 60 cent. De diferencia.

  6. Es comprensible tu queja, pero a la vez irracional ya que en el caso de que veas el producto que te vende dicha empresa como un timo, lo unico que debes hacer es no comprar a dicha empresa, al menos en este caso que es un producto de consumo y que tu vida no se va a ver afectada ni vas a tener que realizar extensos tramites en caso de no consumir este producto, vease el caso de abrirse o no una cuenta en un banco, entonces redundando si tienes problemas con esta empresa, en el fondo es porque quieres porque si tan mal lo hacen no es racional seguir comprando y si ya te ha pasado mas veces o especificas el producto que quieres o no vallas y no te dan gato por liebre.

  7. Te ahogas en un vaso de agua. Si te pasa eso pues especificas normal i punto, o bien lo preguntas.
    Si tienes que hacer ejercicio extra para bajar las calorias pues te jodes o si no no comas las hamburguesas tio, gente como tu que se queja de todo es la que odio. Despues me tragado todo este rollo para una mierda de resolucion que no ayuda en nada. He llegado a esta página buscando cuanto valia la franquicia macdonalds para encontrarme esta mierda.

  8. Yo creo que sí. Salvo que se indique lo contrario, la gente si pide un producto suele referirse al que viene indicado su precio en los paneles, y no al que lleva el sobreprecio que no se lee apenas.
    Es una maniobra burda y tramposa de la franquicia para vender un producto determinado y sacar más dinero. Cuando lo que deberían de hacer es preguntar cuál quieren, y no dar por hecho que el cliente espera recibir el de mayor cuantía.
    No se trata de un problema grave, pero si dejamos que la picaresca y la trampa sea la común de nuestras acciones, y no vamos de cara, poca o ninguna confianza estamos transmitiendo al cliente y consumidor. Y muy bien no hablará de nuestra marca.
    Si a ti te parece correcto. Estupendo.
    Creo que yo tengo todo el derecho del mundo a quejarme, y máxime cuando el precio que destaca de todos sus productos es el de tamaño normal, y el que tratan de endosarme soslayadamente es el grande.
    Una mala praxis.
    Y por cierto, con esa actitud he conseguido, y no una vez, que se me abone el dinero y me inviten a comer, realizando una queja al encargado del local y pidiendo el libro de reclamaciones. Así que a quien lea este comentario y el artículo, les invito a que hagan lo mismo.
    Ya está bien de tanto timo de la estampita para sacar unos míseros céntimos que igual a los chavales o a las familias, les supone un esfuerzo.

  9. Creo que no es un problema como lo planteas. Además, antes de contar tu incidente con el McAuto dices que “Hasta que tomé la costumbre de indicar que quería el normal”. Por qué no lo haces también cuando vas en coche? Ojalá que todos tuviéramos los mismos problemas tan graves como tú.

  10. hola mira yo soy trabajadora de McDonal's llamemos lo zona y . y me pusieron una y no se el xq , solo se que aunque tardara el pedido le trate de la mejor forma posible. yo siempre pregunto si normal o grande , aunque me dicen que no. en fin siento lo que te ocurrio. y tu crees que x una hoja te despiden? en fin espero que no te vuelva a pasar . xao

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